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Una vida en la maleta. Una chincheta que poner en el mapa mundi. Y toda la vida por delante. ¿Destino? Edimburgo.

Aquí ya es primavera. En Escocia, aunque hay mañanas en las que pude sorprenderte una nevada tardía, anochece más tarde de las cinco y algunos días, incluso, puedes desprenderte de algo de ropa.

Hasta aquí llegan los ecos de las fiestas de Semana Santa españolas, mientras la luz empieza a dejar al descubierto esta ciudad, una de las más encantadoras de Europa. Lo que manda, es la tradición celta.

Un ritual despide a la oscuridad y da la bienvenida a la luz, por poca que sea. Tiempo a, los pastores dirigían sus rebaños hacia los prados verdes y celebraban la fertilidad encendiendo hogueras.

Aquella tradición ancestral continúa celebrándose en la colina de Carlton Hill. Figuras de la mitología celta escenifican el nacimiento del verano mientras se rinde homenaje al fuego.

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Por supuesto, nada de marineras, ni del calorcito que ya se nota por estas fechas en Murcia. Aunque, todo hay que decirlo, nos cuesta renunciar a la tradición del aperitivico, aún cuando las temperaturas nos obliguen a llevar puesto el abrigo. El aperitivo es algo a exportar. Nosotros ya lo hemos hecho, aunque lidiando con la calidad y, sobre todo el precio y escasez de buena verdura que hay por aquí. Aunque claro, el listón está muy alto…

Pero lo que no se puede negar es que, aunque fría y lluviosa, esta ciudad tiene encanto. Más que encanto, magia. Y literatura. Mucha literatura.

Sus callejones, sus sombras, sus valles han inspirado la creación de cientos de personajes célebres de la literatura. Aquí vieron nacer la primera edición de la Enciclopedia Británica y en 2004 fue declarada primera Ciudad de la Literatura del mundo por la Unesco. De esa varita literaria nació el mago más famoso de los últimos años…

En el pequeño café The Elephant House, J.K. Rowling imaginó al pequeño Harry. Desde la parte de atrás de este diminuto establecimiento con fachada roja, y mientras contemplaba el castillo de Edimburgo, la escritora creó al mago que consiguió convertirla en la autora del best seller más vendido de la historia. Y en una de las mujeres más ricas del Reino Unido.

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Edimburgo es también donde nació el detective más meticuloso de todos los tiempos: Sherlock Holmes.

Aunque las andanzas del investigador se desarrollan en Londres, el creador del personaje, Sir Arthur Conan Doyle, médico y escritor nació en el número once de Picardy Place. El personaje de Sherlock, además, está basado en un profesor de Conan Doyle, Joseph Bell, conocido porque era capaz de diagnosticar a sus pacientes antes de que dijeran una palabra.

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Sí, esta ciudad inspira y propicia la creatividad. De eso no cabe duda. Otro investigador memorable y uno de los más aclamados por estas tierras, el inspector John Rebus, también vio la luz a la sombra de un pub de Edimburgo, donde el alcohol le ayudaba a desvelar los oscuros misterios de sus casos. Aún se puede ver al autor, Ian Rankin, en la barra del Oxford Bar que ha inspirado sus novelas.

El vanidoso y narcisista Dorian Gray también surgió de entre las empedradas calles de Edimburgo. Oscar Wilde se inspiró en un amigo suyo para escribir la novela. Un amigo que más tarde, a la vista del desenfreno del personaje, negó que estuviera inspirado en su persona.

El actor Sean Connery es otro de los personajes nacidos en Edimburgo, en pleno centro de la ciudad. El escocés fue nombrado Sir en el año 2000. El Dr Jekyll y Mr Hyde, el Gran Hermano de Orwell, el verdadero Robinson Crusoe…

Edimburgo, también llamada vieja chimenea, por la cantidad de ellas que, humeantes, coronan los tejados, inspira el arte. Y con todo este transfondo literario, empezamos estos días la primavera en la capital escocesa.

Una vez inaugurado el buen tiempo entre comillas, llega la gran celebración de la cultura celta: Toda la ciudad suena a gaélico, la música, la comida, los titiriteros, las danzas tradicionales…

Y todo eso, regado, por supuesto, con una buena cerveza.