Seis fotógrafos muestran en una exposición cómo ha cambiado el país en los últimos diez años. 

Hacía un par de días, quizá tres, que había aterrizado en China. Era la primera vez que salía con la cámara a tirar algunas fotos de situación, de esas que, mirando a través del objetivo, ayudan a reducir las distancias del recién llegado con un nuevo lugar. Decidió entrar en un espacio abandonado. El sol del mes de agosto era muy potente y la luz, algo tamizada, entraba a través del rincón de una puerta. Cautivado por la luz, Carlos Sebastiá aún no sabía que esa foto y su mística especial le acompañaría durante los meses siguientes en el país asiático: “No lo había planeado. Me cautivó la mística de esa luz entrando por la puerta.”

Diana_Coca_Pekin_II

Diana Coca realizó su primer proyecto en China con la colaboración de Ricardo Roncero y Deneb Martos, que dirigen el Laboratorio de Fotografía en La Casa Encendida de Madrid. “¡Nos animamos a romper el hielo! Mi primera fotografía fue dentro de unos tubos oxidados de unos bidones gigantes. Me medio desnudé para realizar la fotografía en un nuevo entorno tan poco apegado a lo físico y a lo sensual como es el 791 Park. Ahora mismo esos bidones ya ni existen, creo que han construido una galería en su lugar.”

Gisela Ràfols no recuerda exactamente la primera foto made in China: “No la recuerdo, pero seguramente fue la típica foto turística como respuesta a algún impacto visual que mostraba descaradamente la diferencia entre la cultura asiática y la española. Resultado de estos primeros guiños que te ofrece Beijing cuando eres una recién llegada.”

Cada uno de estos artistas gráficos, junto a los fotógrafos Jorquera, Héctor Peinador y Pilar Escuder, muestran a partir de hoy en la exposición “Input, 10 años de fotografía española en China” su análisis personal del país y cómo ha influído en su desarrollo creativo.

Sin recurrir a los tópicos ni a las evidencias los artistas participantes coinciden en que el gran cambio lo está experimentando la población: “tal vez en sus principios, o no-principios.”, comenta Gisela Ràfols, “son tiempos de muchos cambios y hay que replantear principios éticos, valores… “mi visión general sobre China después de casi 4 años sigue siendo de asombro e incomprensión, al mismo tiempo que de fascinación. Realmente no es fácil penetrar en la cultura ni en el pensamiento de la sociedad china. Aquí me he sentido feliz, frustrada, entusiasmada, reprimida, libre, complaciente. Resumidamente podría hablar de que es el país de la contradicción. Nada es blanco o negro. Hay muchos niveles de grises.” Para Diana Coca el país “ha ido evolucionando de manera lenta y sutil hacia el control ideológico actual, que hace muy difícil para un creador trabajar, sobre todo para los artistas chinos”.”

A Carlos Sebastiá le llama la atención la forma de entender el tiempo de los chinos, mirando hacia el pasado y reflexionando sobre el proceso mientras miran al maestro: “Percibo su sensibilidad, algunas veces son como niños grandes y otras veces todo lo contrario. Vivir aquí es una combinación de contradicciones.” También les fascina el uso de los espacios públicos que se hace en el país: “sin ir más lejos, mi vecina ha convertido el rellano de mi edificio en una sala de estar: ha sacado unos sillones a la calle y hasta ha colgado un cuadro forrado de plástico. Allí se reúne cada tarde con sus amigas.” Diana coincide en que en la comunidad artística donde vivía en China ha experimentado los mejores momentos de interacción intercultural con artistas de todas las nacionalidades. “Era un complejo de 50 invernaderos reconvertidos a estudios de creadores. Compartíamos espacio y experiencias fotógrafos, diseñadores, pintores, escultores, escritores, etc… Nunca había vivido así en ningún otro lugar.”

La comisaria de la exposición, Susana Sanz, afirma que todas las obras, que podrán verse a partir de esta noche en AOTU Studio, de Pekín, “no solo arrojan luz sobre cuestiones socioculturales de rabiosa actualidad, sino que también revelan el trabajo de una brillante generación de fotógrafos españoles atraídos por China y por su cultura contemporánea.” “Desde el estudio de Jorquera sobre el creciente individualismo y la obsesión por el éxito entre la juventud china; pasando por la brutal transformación urbanística captada por la poesía fotográfica de Héctor Peinador y Carlos Sebastiá; hasta la supervivencia en un medio de extrema hostilidad sobre la que reflexiona Diana Coca o la preocupación que muestra la fotografía de Pilar Escuder por la incontrolada contaminación en ciudades como Pekín; y el análisis sobre la identidad de Gisela Ràfols”, todos ellos ofrecen el reflejo en su obra de los cambios que ha experimentado el gigante asiático.