Instrucciones para rendirte a tu viaje

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Ya corre por tus venas. Es un amor para toda la vida, un picor sin estornudo, un movimiento incontrolable. No hay antídoto ni vacuna. Te acompañará el resto de tus días.

Ni el detergente de la colada logrará arrancarlo de tu fibra sensible. Huele a entusiasmo, a curiosidad, a emoción. Resuenan visiones lejanas, puestas de sol y carreteras de baches. Ni el jabón de Marsella pudo borrarlas. Conservas un souvenir en tus zapatillas: es el trocito de barro de aquel camino que desgastó tus suelas y reconstruyó tu mirada.

En el espejo, un leve surco junto a los ojos te traslada a la sonrisa sincera, al no saber dónde estás cuando despiertas, a los rayos de sol que se escaparon de la crema solar para iluminar tu camino.

Te alegras de vivir, de haber tenido la suerte de ir a sitios inmensos (o chiquititos), a cualquier lugar donde gentes extraordinarias están haciendo cosas que no habías imaginado antes.

Es entonces cuando la decisión está tomada. Te rindes ante el viaje, no para huir, sino para vivir. Asumes que nunca ya nada volverá a ser igual, que contarás los minutos para la próxima vez. Estás contagiado. Vivirás viajando. Viajarás para vivir.

Entonces relatas tus planes. Te recreas en tu revelación. Mueves mucho las manos y abres mucho los ojos, tratando de hacer llegar las maravillas que han ocurrido en el viaje de tu vida, en la vida del viaje.

Casi siempre hay algún amigo que se mueve contigo, pero enseguida te das cuenta de que no lo hace como tú y la conversación se dirige hacia lo caro que está todo y a que ya somos mayores para ser tan soñadores. Se escapa algún qué-bien-vives entre algún que otro interrogante del tipo no-vas-a-trabajar-de-lo-tuyo (-?-?-?) o cuándo-piensas-tener-hijos.

Miras a un lado y la conversación suena a agujero, a oscuridad húmeda, a caída repentina. Te moja la lluvia mientras por dentro sigues aplaudiendo la genialidad de tu idea. Te gustaría poder defenderla, pero las palabras sensatas e inteligentes de tus amigos te empiezan a doler desde las cervicales (y eso que entiendes la razón que tienen…) Quizá el espectáculo no era tan bueno como te parecía. Aunque, bien pensado, para ti, sencillamente, no es ni bueno ni malo. Solo es para ti.

Aún así, caminas hacia casa con tu brillante idea modificada por inteligentísimos razonamientos y reflexionando que quizá sea mejor apagar las luces. No queda más remedio que rectificar tu imbecilidad y admitir que te deslumbra cualquier cosa que haga lucecitas o que brille un poco.

Cuando llegas, intentas embalsamar tu viaje. Que nadie te lo quite. Para eso hay hasta instrucciones:

  1. Agárralo fuerte (la rutina intentará arrebatártelo);
  2. Lava los momentos en que ocurre algo más de lo que ocurre todo el tiempo;
  3. Fija las imágenes (no aptas las fotos, aunque podrían aliviarte);
  4. Acaricia las experiencias;
  5. Envuélvelas en billetes sin retorno y adorna con detalles que no sucedieron;
  6. Por último, olvida cosas malas (eso no te costará nada).

Después de fijarlo, aplástalo al fondo de un bote de agradecimiento. Puedes sellarlo con un giro brusco de etapa cerrada. La casa quedará en silencio. Todo en orden.

Luego escucharás un ruidito. Se han escapado unos cuantos, andan sueltos por la casa. Haz como si no estuvieran.

Y después de todo esto, repite durante 21 días: te levantas, te duchas, te perfumas, te peinas, te vistes y vas a trabajar.

Y así, progresivamente vas volviendo a ser lo que no eres.

Un momento. El viaje empieza a hacer más ruido, a tocar muy fuerte a la puerta. Se ha deshecho del envoltorio, empieza a ser tu cómplice por los pasillos. Entonces revienta los cristales y tira de los dedos de tus pies para que vuelvas a iniciar tu movimiento.

Y así, progresivamente hasta que vuelves a ser lo que eres.

No hay antídoto ni vacuna. Te acompañará el resto de tus días. Se llama viaje.

¿Tú que opinas? ¿estás enganchado a los viajes? Coméntanoslo más abajo 🙂 ¡Feliz ruta!

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4 Comentarios

  1. Pajulieva

    Es emocionante, razonable y bonito, pero me duele el corason al leerlo. Escribe un libro!

  2. Comparto tu visión, muy buen post. Te invito a darte la vuelta por mi blog y conocer lo maravilloso que es México.

Comenta lo que quieras!

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